El tiempo pasa tan de prisa algunas veces y otras parece detenerse, De vez en cuando tu cuerpo no reacciona, no puedes moverte, y despiertas con la almohada tatuada en el lado derecho de tu rostro sin que eso implique sentir descanso.
Hay días grises y días amargos y miras las horas pasar buscando un poco de paz en el silencio y abrazas un Puff, pensando que va a curar tu mala vibra. Pero el nudo sigue ahí enroscado en tu garganta sin dejar que tu mejilla pueda apreciar el calor de una lagrima húmeda y salada.
Mientras tanto el silencio que alguna vez usaron para castigarte, ahora puede ser terapéutico, de vez en vez, amar duele, es cierto.
Puede que estemos tan acostumbrados a estar mal que cuando se empieza a estar bien nos parece extraño, se pierde el sentido, se recurre al auto sabotaje. Se rompe la magia, volvemos a ser esclavos.
Ya decía yo como el poeta está encadenado a la melancolía, en algunos casos, cuando está es el timón de su arte, su esencia, el arte de Baudelaire y las flores del mal. El arte del Túnel de Ernesto Sabato con su trágico final, el Arte da Kafka… y una referencia muy poderosa para describir este sentimiento es Ira y Temor de Jesús Maria Cotton.
Dejando de repasar mis lecturas de la adolescencia me cuesta mencionar que llegar a cierta edad es entender que la madurez se puede definir en dos partes. Parte una: minimizar los sentimientos ajenos y parte dos: minimizar los sentimientos propios.

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