Lentamente descendía desde su gloria.
fue doloroso ser juzgado por el imperioso.
mientas daba espaldas a su linaje
ya al linde, no ha de defenderse de aquella autoritaria
e invencible voz que quebranta los vientos.
Su serenidad fue indescriptible.
como si jamas imaginase un sepelio
y sus alas parecían de organdí
día y noche le servia como fiel
y en su nombre libraba batallas.
Mas ahora le describe lo tétrico
mientras camina en la urbe
no es molicie, es su castigo por no elegir si amar la humanidad
no iba a liberarse si le odiaba.
Nunca imagino el dolor de sus alas mientras descendía
y su alma recibía calor.
he aquí la tierra donde habita le ha herido con saeta
y aunque conserva una piel de momento, es muy cruel vivir entre zotes.
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